Mi nombre es Alicia, tengo treinta y nueve años, y mi trabajo, en la época en que se desarrollaban los acontecimientos, era como secretaria de dirección. Estábamos a finales de verano, y aún, mis compañeros mantenían la jornada laboral continua, por lo que no había nadie por la tarde, tan sólo el director, para quien trabajaba, y algún otro miembro del consejo de administración, que solían acudir a alguna reunión en la intimidad de la oficina.
Aquel día, me sentía realmente contenta. Después de la jornada de trabajo, me iría con mi marido a unas vacaciones que me había regalado mi jefe, según él, por el buen rendimiento que había desarrollado en el último año.
Para que ningún compañero se molestase, me pidió que solicitase un permiso sin sueldo, que él, antes de marcharme me reintegraría con creces, además del regalo de unas vacaciones con todos los gastos pagados al Caribe.
Ese día, la mañana se desarrolló de manera normal, sólo con una sonrisa añadida en mi cara y en mis enormes ojos azules, por la proximidad de mi descanso y de mi premio.
Por la tarde, yo me quedé en la oficina para terminar algunas cosillas y preparar una reunión, que me solicitó Luis, el director.
Poco antes de las 4 de la tarde, llegaron tres personas, el señor José Angel, uno de los socios de la empresa, su hijo Marcos, amigo y compañero de clase mi hijo Carlos, y por supuesto, el director, mi jefe directo, y quien me había regalado esas ansiadas vacaciones.
Los tres hombres se metieron en la sala de juntas. A los pocos minutos me llamaron. Habían abierto una botella de champán y me invitaron a brindar con ellos.
La sala de juntas de la empresa era enorme, tenía una mesa grande, de reuniones, para al menos diez personas, y luego, en un apartado, una mesa baja, que bordeaban dos sofás, también, preparados para albergar varias personas.
Señorita Alicia, tómese usted una copa en honor a mi hijo. Acaba de cumplir dieciocho años.
Mientras decía esto, me entregó una copa de champán, y procedimos a brindar.
Señora, por favor, le respondí, por edad y porque llevo casada casi veinte años.
Observé la el móvil que llevaba el chico, sin duda el regalo de cumpleaños que el padre le había hecho. No se sabía si era un teléfono con cámara de fotos, o una cámara de fotos con teléfono incorporado. En cualquier caso, sería un regalo muy caro.
José Angel me llevó de nuevo a la realidad, continuando la conversación.
Recuerdo cuando se casó, era entonces casi una niña. Como pasa el tiempo, entonces mi hijo no había nacido, y hoy, Marcos, ya es mayor de edad.
Es cierto, tú eres un poco mayor que mi hijo, a él aún le faltan unos meses para cumplir los dieciocho.
Tomé media copa, e hice intención de salir, pero de nuevo José Angel, me dijo que debía apurarla. Aunque no me gusta demasiado el champán, por no ofender a una persona importante dentro de la empresa, bebí el resto de la copa hasta apurarla, y regresé a mi mesa, situada junto al despacho de mi jefe.
Por mi trabajo, solía ir bien vestida. Ese día, una falda bordeando las rodillas, y una camisa blanca. Mi aspecto, modestia a parte, es excepcional. Soy rubia, tengo un abundante pecho, y aunque no soy demasiado alta, los hombres siguen mirándome cuando camino alrededor de ellos.
También diré que soy una mujer fiel, desde que comencé a salir con Arturo, mi marido, hacía ya veintidós años, no volví a tontear con ningún chico, y la verdad, es que no me han faltado oportunidades.
A los pocos momentos de estar sentada noté como si mis músculos flojeaban. No sabía muy bien que estaba pasando, pero sentía que mi cuerpo se paralizaba.
No podía sostener el cuerpo, y terminé con la cabeza encima de la mesa. Miraba mis dedos, y la verdad es que acertaba a moverlos, ligeramente. Era como si mis fuerzas se hubieran reducido al uno por ciento.
Estaba muy asustada, pensando en que pudiera haberme dado una parálisis. Intenté gritar, para avisar a los hombres que se encontraban en la sala de juntas, pero no podía articular palabra, tan sólo ligeros sonidos ininteligibles.
Oí que se abría la puerta y los pasos se acercaron a donde yo estaba.
Alicia, se encuentra usted bien? Dijo José Ángel sonriendo.
No te preocupes, que sólo te hemos dado algo para inmovilizarte. En pocas horas volverás a estar igual que antes, y mañana podrás irte de vacaciones con tu marido, comentó Luis. Vamos a celebrar el cumpleaños de Marcos, y él quería que estuvieses tú. En realidad eres su regalo.
Me encontraba con la cabeza caída sobre la mesa. Mis músculos no respondían.
Me echaron hacia atrás en la silla, y no tuvieron problema en arrastrarme con las ruedas hasta la sala de juntas. Cuando llegaron allí, entre los tres me colocaron en la pequeña mesa que se encontraba junto a los sillones.
Marcos, este es tu regalo de cumpleaños, como me solicitaste.
Gracias papá, era mi sueño y gracias a vosotros puedo hacerlo realidad.
Luis, dijo José Angel, eres un hombre en quien se puede confiar. Te agradezco mucho todo lo que has hecho para que mi hijo sea feliz hoy.
No sabía muy bien de que hablaban, aunque pronto me iba a dar cuenta de lo que aquellos canallas se proponían conmigo.
Alicia, te explicaré lo que sucede, expuso Luis. Como has visto, es el cumpleaños de Marcos, y su deseo era estar con una mujer especial para él, y has sido elegida. Evidentemente, no puedes moverte, aunque eres consciente de todo lo que está pasando aquí. No nos denunciarás después de terminar, puesto que has aceptado unas cantidades y unas vacaciones pagadas, que si es necesario, diremos que ha sido en pago de tus servicios. Además, ya verás como te damos algún motivo más para que esto no salga de aquí.
Yo me encontraba tumbada en la mesa, e intenté escupir a Luis mientras me hablaba, pero sólo conseguí acumular un poco de saliva en mis labios.
Te ha intentado escupir, dijo en tono jocoso José Angel.
Luis sacó un pañuelo, y secó mis labios.
Marcos, hijo, es tu regalo, y nosotros estamos aquí para ayudarte. Qué quieres que hagamos?
Vamos a desnudarla, poco a poco, quiero disfrutarla, dijo el chico.
Dejaron mis brazos hacia atrás. Sólo, con su propio peso, era incapaz de echarlos para adelante, e intentar defenderme, pero no podía moverlos.
Marcos comenzó a desabotonar mi blusa. Me la sacó del entalle que llevaba en la falda. Los otros dos hombres me incorporaron para que pudiera sacarla por mis brazos, dejando a su vista mi sujetador.
De inmediato, comenzó a tocar mis muslos, buscando el cierre de mi falda, que no tardó en encontrar.
Chaval!!!, dijo Luis riendo, se nota que tienes experiencia en desnudar a las chicas. Entre los dos jefes, me incorporaron ligeramente para que Marcos pudiera sacarme la falda.
Me encontraba con un pequeño tanga, y un sujetador. En esos momentos, toda mi indignación pasó a convertirse en vergüenza, al ver, los comentarios de Marcos.
Alcia, siempre he deseado verte, tenerte. Voy a hacerte unas fotos para enseñarlas a mis amigos, entre ellos a tu hijo, pero no te preocupes, no te verá la cara. Ponedla sentada, este es el mejor momento, voy a quitarle el sujetador.
Intenté por todos los medios moverme, cerrar los brazos, pero no podía, no tenía nada que hacer. Me cogieron por mis antebrazos, mientras el chico desabrochó el sujetador. Primero uno con el brazo izquierdo, y después con el derecho, sacaron las gomas que lo sotenían, dejando a la vista mis pechos.
Tiene unas buenas tetas, verdad? Siempre me pregunté como serían y la verdad, la realidad supera la imaginación.
Los comentarios, me molestaban tanto o más que estuvieran abusando de mi a través de una droga que me paralizaba.
Estoy deseando verla el coño. Cerradle las piernas para que pueda sacarle el tanga.
Tiró de forma rápida de mis bragas y me dejó totalmente desnuda.
Marcos tenía toda la jugada pensada.
Colocadla con los brazos abiertos, hacia abajo, y las piernas que caigan a los lados de la mesa.
Estaba a disposición de tres hombres. Mi sexo, totalmente depilado, a excepción de una línea de pelo que subía por encima. Mi coño se encontraba muy abierto, y aunque podía ver y sentir todo, no podía articular movimiento.
En ese momento vino a mi mente una película que mi marido me enseñó una vez, en el que una mujer era sujetada y abusada. Yo no estaba atada, pero si para los efectos era lo mismo, totalmente abierta y sin poder hacer nada para que no me tomasen.
Un segundo, dijo Marcos. Voy a tomar unas fotos. Me parece que está preciosa en esta situación.
Vi como me fotografiaba por todos lados, oía los clicks de la cámara hasta que su padrel le indicó que pasara a la acción, que no habían montado todo esto sólo para que me viera desnuda y sacarme unas fotografías.
Marcos se quitó la ropa y se acercó a mi. Notaba su aliento. Comenzó a besarme en los labios. Después fue a mis pechos y su lengua caminó por mis pezones, que fruto del nerviosismo y de la tensión a la que estaba siendo sometida se encontraban de punta. Su boca recorrió mi cuerpo hasta llegar a mi sexo. Jugó con mi clítolis, lo mordió, lo lamió.
Sus manos comenzaron a acariciar mis piernas, mis muslos, hasta llegar a mi coño, que se encontraba totalmente abierto. Aunque no estaba lubricada, no le costó ningún trabajo meter primero un dedo y luego dos dentro de mi vagina.
Continuó colocándose encima mía, también sobre la mesa. Intentaba meter su lengua en mi boca. Yo la mantenía cerrada, pero le bastó con taparme la nariz para que tuviera que entreabrirla, momento que aprovechó para que su lengua llegase hasta mi garganta.
Su pene rozaba mi sexo. Sus manos, tocaban mis pechos. Siguió jugando con su polla, que a veces hacía intención de entrar dentro de mi, hasta que en una de sus envestidas la sentí dentro.
Lloraba en silencio, no podía contener mis lágrimas. Me sentía sucia, pero sobre todo humillada. Nunca me había gustado Marcos como amigo de mi hijo, pero jamás pensé que pudiera llegar a violarme de esta manera.
Quereis catarla alguno? Preguntó el chico.
Es tu cumpleaños, respondió su padre, disfrútala tú.
Yo si quiero acariciarla al menos, dijo Luis, tanto tiempo teniéndola tan cerca y sin poder tocarla.
Marcos se levantó, no se había llegado a correr todavía, y dejó su lugar a Luis.
Comenzó a tocarme la cara, bajó hasta los pechos donde se entretuvo acariciándolos con sus manos, bajó por mi estómago, mis caderas, mis muslos............... hasta que al final, con una de sus manos alcanzó mi coño.
Tíratela si quieres, comentó Marcos
Como ha dicho tu padre, es tu cumpleaños, disfrútala tú, después ya veremos.
Tengo los huevos a punto de reventar, dijo el muchacho.
De nuevo volvió a colocarse encima mío. Besaba mi cuello, jugaba con mis pechos, y comenzó a mover su pene junto a mi sexo. Enseguida lo introdujo dentro, pero a diferencia de la vez anterior, ahora se afanaba por meter su miembro lo más dentro posible, y notaba como su polla iba creciendo a ritmos agigantados, al igual que sus jadeos y sus besos.
Sabía que se correría en breves momentos. Mi humillación era total, abierta, expuesta y sometida ante dos hombres poderosos y a un muchacho que podía ser mi hijo, y que era uno de los mejores amigos de él. Cuando se incorporó, tomó de nuevo la cámara de su teléfono móvil para hacerme unas fotos, sin duda, de su última adquisición, o tal vez, mejor dicho, el último capricho que le concedía su padre.
Habría sido sencillo, sólo con la mitad de mi fuerza, haberle dado una bofetada y haberle tirado al suelo, pero no la tenía, no podía moverme, y ellos, tampoco habían empleado la violencia, sólo me habían drogado, para que manteniendo mi consciencia, mi cuerpo no pudiera responder a sus abusos, pero que mi mente si pudiera vivir el sometimiento.
Marcos se había corrido dentro de mi, y pensé que mi tortura había terminado, pero nada más lejos de la realidad.
Quiero que la pongais de rodillas, apoyando su cuerpo encima de la mesa, dijo el chico.
Los dos hombres me colocaron como Marcos había dicho, mis tetas se apoyaban en la mesa y temí lo peor. Iba a ser sodomizada, algo que tan sólo una vez había probado, ante la insistencia de mi marido, y que juré que jamás repetiría.
Luis aprovechó el momento para acariciarme por atrás, mi pelo, mi espalda, mi culo...............
De nuevo Marcos, quiso quedarse con unas instantáneas de la situación, enfocando mi culo, mi espalda, mi lado trasero, con su cámara.
Estoy de nuevo a tope, y ahora me apetece probar su culo. La verdad es que pocas chicas he visto que tengan este cuerpazo, y sobre todo este culito tan respingón. Os tengo que agradecer que hayais hecho posible esta gran fiesta. Sin duda, no la olvidaré nunca.
Marcos se colocó de rodillas. Noté su pene, que de nuevo volvía a estar rígido. Intenté gritar, pero no creo que lograse pronunciar más que un gemido. Aunque perforó mi ano de forma lenta, el dolor fue terrible, aunque ninguno llegó a enterarse de mi sufrimiento físico.
El muchacho comenzó a perforarme de forma cada vez más rápida, Notaba que mi esfinter se dilataba, al igual que su polla. Afortunadamente, no tenía mucho aguante, y en breve noté que un cálido líquido invadía mi trasero, a la vez que su miembro se desinflaba.
Papá, por qué no la tomas tú? Tenemos tiempo aún, antes que despierte.
Yo negaba con mi mente, porque la cabeza no respondía.. Por favor, dejadme pensaba, gritaba en mi cabeza que terminasen.
Sabeis? Siempre he deseado que esta zorra me la mamase.
Ahora fue José Ángel quien dio las órdenes a los demás para que me colocasen a su gusto. Pidió a sus dos compañeros de juerga que me colocasen encima de la mesa de reuniones, con el cuerpo hacia abajo, y la cabeza un poco por fuera.
El directivo se bajó los pantalones y sacó su miembro que colocó junto a mis labios. Afortunadamente, no podía abrirlos pero eso no fue excusa, puesto que por las bravas, separó mis labios y me la introdujo hasta la garganta.
Me tenía fuertemente agarrada por el pelo, y con sus movimientos le estaba haciendo una felación en toda regla. En este caso no era como su hijo, aunque su polla era también enorme, aguantaba mucho más, hasta que por fin se corrió en mi boca.
Quería escupir, expulsar su semen, pero mi cuerpo no me respondía y sólo pude, después de varios intentos, tragarme toda su leche al interior de mi cuerpo, algo que me daba un tremendo asco, y ni tan siquiera lo hacía con mi marido.
Luis, es tu turno, es mi cumpleaños y quiero que participes en la fiesta.
La verdad es que me apetece mucho follarla. Quiero tener en mi recuerdo el haberme follado a Alicia.
Cómo la quieres? Dónde te apetece hacerlo?
Encima de la mesa estará bien. Sólo hace falta que la volteeis. Eso si, quiero que nos saques unas fotografías mientras lo hago.
Entre los tres, me dieron la vuelta en la mesa, y me colocaron mirando al techo. Mis manos la extendió José Ángel hacia atrás, mientras que el propio Luis separaba mis piernas para follarme.
Marcos cumplió con su cometido de fotografiarme. Se acercaba para sacar la escena de mis brazos hacia atrás, mis piernas separadas, mi coño totalmente abierto y la polla de Luis dentro de mi.
También Luis se contuvo, calculo que estaría jugando conmigo más de quince minutos, disfrutando cada poro de mi cuerpo hasta que de nuevo, un chorro de semen dio por finalizado el capítulo, en este caso de Luis.
No nos queda mucho tiempo, Marcos, quieres algo más?
Sólo recuerdos, me gustaría hacerle fotos en situaciones eróticas, sólo para tenerlas, para recordar este día.
De nuevo, los dos hombres se pusieron a disposición del muchacho. Marcos fue dándoles órdenes.
Colocadla en el sofá, sentada, con las piernas muy abiertas y los brazos caídos.
Después ordenó otra posición.
Ponedla encima de la mesa, con el culo hacia arriba.
No les oía lo que decían, pero a los pocos segundos vi que tenían mi ropa junto a mi. Pensé que ya terminaría mi suplicio, pero cuando me colocaron el sujteador y el tanga, vi que estos estaban rotos.
Me pusieron el sujetador, pero habían cortado la tela de los cazos, por lo que mis pechos quedaban al descubierto. Con el tanga pasó lo mismo, si ya era pequeño, ahora le habían quitado la mayor parte de la tela delantera.
De nuevo dio la orden de volverme a colocar en el sofá, piernas abiertas y brazos caídos, y los dos obedecieron al anfitrión. De vez en cuando, colocaban mis manos junto a mis pechos y coño, para que pareciera que me tocaba.
Cuando se cansaron, volvieron a dejarme totalmente desnuda.
Ahora me pusieron la blusa, eso si, sin abrochárla, para que pudiera fotografiarme a gusto. Me colocaban las manos de forma sugerente, siempre dejando ver mis senos y mi sexo.
Me colocaron la falda, y cerraron uno de los botones de mi camisa para que pudieran subir la falda hasta arriba, dejándola levantada, pillada con el botón y eso si, siempre enseñando mi coño. Mi cabeza, afortunadamente, aparecía agachada, puesto que no podía aguantarla, aunque a veces, me colocaban algún dedo próximo a mi vagina, simulando una masturbación. Otras veces me tumbaban un poco más para poder fotografiar mi cara. No siempre llegaba a mantener los ojos cerrados.
No sé, pudieron hacerme cientos de fotografías, todas ellas dignas de la revista más erótica del mercado.
Alicia, dijo Marcos. Lo que quiero que sepas, es que me voy a llevar tu tanga como recuerdo. Aunque está un poco maltrecho, (por la rotura), quiero quedármelo
Como puedes ver, dijo Luis, después de esta última exhibición de fotos, nadie creerá que has sido obligada a algo, incluso, en muchas fotografías, sales con los ojos abiertos.
Ahora si, me colocaron mi maltrecho sujetador, y de la mejor forma que sabían me volvieron a vestir, dejándome tumbada en el sofá.
A los pocos minutos, mi cuerpo empezó a reaccionar. Lloraba desconsoladamente, y sólo quería tranquilizarme un poco para tomar las medidas correspondientes.
Según me tranquilizaba, me daba cuenta que no podría denunciar la situación, aunque tampoco podría volver a desempeñar mi puesto de trabajo, y ver la cara a los hombres que habían abusado de mi.
Ahora, estaba en sus manos, y con las fotos, no podía saber lo que podría pasar más adelante.
Foro de sexo, Fotos amateur, Relatos eróticos, Videos de sexo, Contactos sexuales, Chats, Fetichismo, Sado Bondage, Zoofilia, BDSM
martes, 17 de abril de 2012
Presenciando la infidelidad de mi mujer
Segunda parte de “Su marido durmió a su mujer para nosotros”
Cumpliendo su promesa en el último encuentro, Gonzalo nos envió las fotos del fin de semana en el que nos había permitido disfrutar de Nines, su mujer.
El siguiente sábado, Sandra, mi esposa había salido de compras durante la mañana, por lo que aprovechando que no estaría hasta el mediodía, decidí contemplar las fotografías.
Aunque había difuminado la cara de Nines, nosotros salíamos al descubierto. Me parecía un tesoro tener esas imágenes, así que abrí otra cuenta de correo para que jamás cayesen en manos de mi mujer.
Utilicé una página desconocida para mí, que daba la opción de dar de altas cuentas de correo. Traspasé las fotografías y las borré del mío. De esta forma, pensé que podría estar tranquilo y verlas cuando me apeteciese.
Comí con Sandra. Al terminar estaba muy caliente, recordando las imágenes, por lo que comencé haciéndole unos mimos a los que ella respondió, así que terminamos en la cama haciendo el amor como locos.
Después de aquello me quedé dormido. Un par de horas después me desperté y al acercarme al salón vi que Sandra estaba llorosa. Le pregunté qué le pasaba.
Eres el tío más ruin del mundo. Jamás me hubiera esperado algo así de ti.
¿De qué me hablas? – Pregunté extrañado aunque temía por donde podía ir todo.
De las fotografías que tienes de tu trío con esa puta.
Me enteré posteriormente que buscando el historial del explorador de una página, había encontrado esta, y el ordenador tenía guardada la contraseña, por lo que pudo acceder a las imágenes.
No es lo que parece. Te puedo explicar todo.
¿Quieres decir que no te has follado a esa tía?
No pude responderle. Estaba desarmado. No podía continuar, por lo que me limité a pedirle perdón y que intentase olvidar lo sucedido si aquello era posible.
En lo que quedó de fin de semana no me habló. Me hizo prepararme la cama en la habitación de invitados. El domingo quedó con unas amigas durante todo el día y llegó casi a la hora de la cena. No tomó nada y se marchó a dormir.
La semana siguiente comenzó de la misma forma. No quería hablar conmigo y a la mínima que intentaba tocarla me decía que me fuese con la puta de mi amiga.
El viernes me marché con mis amigos a cazar y volví el sábado a media tarde. Aunque me vieron serio y me preguntaron el motivo, no quise explicarles nada, limitándome a decir que era por motivos de trabajo. Afortunadamente había traído varias perdices y conejos que luego regalaría, por lo que sus sospechas de que hubiera pasado un buen rato con alguna mujer se diluyeron.
Unas horas después, la noté mejor humor hacia mí, lo que me hizo sentir bien. Estaba loco por Sandra, y si decidía abandonarme el mundo se me caería encima. No podría soportar estar sin ella.
El domingo estaba más tranquila y a media mañana quiso que hablásemos. Primero me pidió que le contase con todo detalle lo que había pasado. Le conté todo, incluí todos los detalles que ella me fue pidiendo. No quería más mentiras, sólo que volviese a confiar en mí y mostrarle mi arrepentimiento.
Comenzó a llorar mientras le contaba y contestaba a sus preguntas sobre todo lo que había pasado, con el detalle que ella exigía.
Pepe. Después de lo que ha pasado quiero que nos separemos. Siempre he dicho que si me enteraba que mi pareja era infiel la dejaría, y he de ser consecuente con ello. Si quieres quédate con la casa y yo me busco otra, o viceversa. Lo dejo a tu elección.
Lo que no quería escuchar lo estaba pronunciando Sandra. Todo mi mundo se derrumbaba ante mí. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? Primero acostándome con Nines y después, por un descuído imperdonable, que ella viese las fotografías.
Supliqué todo lo que pude. Me puse de rodillas ante ella. Lloraba mientras imploraba su perdón, pero se mostraba inflexible.
Un par de días después, Sandra me preguntó la idea que tenía sobre nuestra vivienda compartida. Si deseaba comprar su parte y si no, ella adquiriría la mía.
Por favor.¡¡¡ ¿No podemos arreglar esto de otra forma?
¿Qué pensarías si hubiese sido yo la infiel? ¿Habrías roto conmigo, verdad?
Estaba desesperado por no perderla, por lo que cometí la mayor estupidez al contestarle.
Véngate de mí. Sé infiel, pero no me dejes, por favor. Busca alguien, folla con él y después vuelve conmigo. No quiero perderte.
No me contestó. Sabía que ella no me haría nunca algo así. En realidad creía saberlo porque al día siguiente volvimos a hablar.
Pepe, me parece que voy a aceptar tu propuesta. Seguiré tu consejo. Quiero que organices un encuentro como el que hizo tu amigo Gonzalo. Ellos me tomarán.
¿Estás loca? ¿Quieres que te duerma para que se aprovechen de ti?
No. Sólo tú y yo sabemos que no estaré dormida. Estarás delante. De esta forma estaremos a la par.
Estás loca¡¡¡ No pienso hacerlo.
La semana que viene quedaremos en el mismo pueblo en el que estuvisteis. Sólo que esta vez ellos irán a una teórica caza y tú y yo de fin de semana romántico. Si no vamos, dedicaré el fin de semana a hacer la mudanza a un apartamento que ya tengo apalabrado. Tú decides. Si lo prefieres, en lugar de fingir mi inactividad por la somnolencia del fármaco, puedo estar activa y entregarme totalmente a tus amigos. ¿Te gustaría eso más?
Salí de casa malhumorado. Pensé que se trataba de un farol y que no sería capaz. También que al día siguiente cambiaría de idea, pero cada vez que hablábamos me exigía el encuentro.
El domingo estábamos en casa. Accedió por primera vez desde aquello a hacer el amor conmigo, pero al terminar me volvió a preguntar por los preparativos. En realidad no había movido nada, no había hablado con Gonzalo y Antonio.
Volví a suplicarle llorando, pidiéndole que no me hiciese aquello. La respuesta fue que sino íbamos a aquella ciudad, organizaría su mudanza. Además, si vamos y tus amigos no quieren tocarme porque les hayas contado la verdad, también me iré de casa. Por tanto te aconsejo que le digas que quieres verme follar con ellos.
No tenía alternativa. Los llamé para tomar algo aquella misma tarde de domingo. No les conté la verdad, sino que después de lo que hicimos con Nines, ahora me gustaría que hicieran lo mismo con mi mujer. Estaba tan desesperado que no quería cometer errores.
En cualquier caso, estaba seguro que llegado el momento, no sería capaz de que nadie la tocase. No obstante, proponerlo ya era bastante humillante para mí.
Los dos hombres se alegraron de escucharlo y estuvieron de acuerdo en volver a ir ese fin de semana al lugar donde un mes atrás habíamos disfrutado de la mujer de nuestro amigo. Concreté con Antonio una cita, a mitad de semana, donde me entregaría el frasquito con el somnífero.
Ese miércoles me reuní con el médico y me entregó la medicina. Se extrañó que hubiese cambiado de idea ya que era reacio a que nadie tocase a mi esposa.
Después del viernes, sólo quedaréis por probar a mi mujer, pero eso no sucederá nunca.
Lo sé, no te preocupes. – Contesté pensando que jamás tampoco tocarían a la mía.
En realidad mantenía esa postura por ella, aunque confiaba plenamente en que no fuera capaz de de hacerlo.
Aquella noche, y al día siguiente intenté hacer el amor con ella. Precisaba que me sintiese de cerca, pero ella se negó y me dijo que no habría más sexo entre nosotros hasta después del encuentro con mis amigos.
El viernes, sobre las cinco de la tarde salimos a realizar el viaje. Sandra me hizo reservar dos noches de hotel, aunque pasara lo que pasara yo quería dormir el sábado en casa, en la seguridad de mi cama, con ella. Cuando llegamos, fuimos a la habitación y nos instalamos.
Mi estómago estaba agarrotado. No veía en ella ningún indicio que me permitiera pensar que se echaría para atrás en el momento oportuno, y ya empezaba a dudar seriamente que eso sucediese.
A las once y media ya habíamos cenado. Intenté llevarla a tomar una copa y convencerla para que se despertase al entrar mis amigos en la habitación, pero era inamovible. No cedía, estaba decidida a llevar su actuación hasta el final.
Hizo que llamase a mis compañeros para citarlos en torno a las doce y media en la habitación. Cuando entramos en ella, estaba de mal humor y directamente me puse a ver la televisión mientras observaba como ella se acicalaba para su actuación.
Sandra es una mujer preciosa. Además de su media melena rubia, un tipo esbelto y unos pechos enormes y firmes, para aquel día, se había puesto especialmente guapa, yendo esa misma tarde, antes de salir de viaje, a la peluquería.
Cuando la vi salir del dormitorio mis celos se dispararon. Llevaba un pijama negro, que estrenaba para la ocasión con un pantalón y una camisa abrochada por tres grandes botones, todo ello de negro satén.
Notaba como sus pezones se marcaban sobre la chaquetilla del pijama. No llevaba sujetador.
Volví a derrumbarme y le pedí que se dejase de juegos y que llamaría a mis amigos diciendo que había fallado el somnífero y pasaríamos la noche, el fin de semana y el resto de la vida juntos.
Buen intento, pero si algo falla esta noche, la semana que viene ya no estaremos viviendo juntos.
Percibía su odio en el tono de voz. Empezaba a pensar que aquello que no quería, iba a suceder.
A la hora señalada, unos ligeros toques en la puerta, nos hicieron saber que mis amigos se encontraban allí. Todo el rebufo de la cena pareció subir a la parte alta del estómago. Estaba tenso y nervioso. Sandra me habló en voz baja.
Abre a tus amigos. Yo os espero en la cama. Espero que te guste el espectáculo.
Qué hija de puta¡¡¡ -- Pensé.
Iba temblando. Abrí la puerta y ambos me dieron la mano como saludo. Como quería dilatar el comienzo lo máximo posible les saqué unas bebidas del minibar de la habitación.
Sandra estaba sólo arropada con la sábana y al verla los dos me dieron la enhorabuena por tener una esposa tan bonita.
Cuando llevaba más o menos sus copas por la mitad vi que debía dejarles hacer. Antes de nada quise dar a Sandra, o darme a mí mismo, una última oportunidad, por lo que la incorporé y la di unas bofetadas en la cara, esperando que reaccionase.
En ese momento supe que iba a llevar su venganza hasta el final. Llegué a abofetearla fuerte. Mentalmente la suplicaba que abriese los ojos, pero no lo hizo, fingía estar dormida.
Muy despacio me levanté y dejé a mis dos amigos que procedieran con ella.
¿Qué podemos hacer? – Preguntó Gonzalo.
Menos sexo anal lo que queráis. – Respondí sin ganas y abatido.
La miraba, suplicaba que abriese los ojos. Mientras, Antonio apartó la sábana que la cubría, quedando ante ellos tan sólo con su pijama, que para mi desdicha, además llevaba un enorme escote.
Vi como sus manos empezaban a recorrer su cuerpo. Pasaban por encima de sus pechos, su cintura, sus piernas.
No lleva sujetador. – Explicó Gonzalo
Me pidieron permiso para desabrochar la chaqueta de su pijama. No podía negarme, pero me limité a asentir con la cabeza.
Desabrocharon los tres botones y abrieron su chaqueta. Quedaron a la vista sus dos enormes pechos. Les oía hablar sobre el tamaño pero aunque no quería escuchar, sus voces estaban allí. Antes de proseguir. la incorporaron sentándola en la cama para sacarle la chaqueta y dejar desnudo su torso.
Qué dos melones tiene la tía.¡¡ Son impresionantes.
Sus manos se deslizaban sobre ellos. Veía que sus pezones estaban puntiagudos pero enseguida empezaron a fijarse en sus pantalones.
Empezaron a observar y vieron que no llevaba ningún botón, ni cordón. Tan sólo un elástico lo aferraba a su cintura, por lo que les fue fácil deslizarlo hacia abajo, tirando de él hasta sacarlo por sus tobillos.
No lo podía creer. Mi mujer estaba tan solo con unas pequeñas bragas negras delante de mis dos mejores amigos.
De nuevo me pidieron permiso, en esta ocasión para quitarle su prenda más íntima. Aunque mi cabeza no lo daba, las amenazas que Sandra me había infringido, me hicieron dar un escueto sí.
Se las bajaron poco a poco. Muy despacio. Veía como mi corazón y mi mente se desgarraban por cada centímetro que la prenda bajaba por sus caderas, sus muslos, sus piernas hasta que llegaron a sus tobillos y la dejaron totalmente desnuda.
Quedaron maravillados. Yo también, tengo que reconocerlo. Se había depilado hasta dejar su sexo desnudo salvo una pequeña línea de pelo que subía como continuación a sus labios mayores.
Mi mujer estaba expuesta a dos hombres, dos extraños para ella, en mi presencia. La miré detenidamente. Sus pezones estaban afilados. Nunca pensé que fuese capaz de llegar a aquella situación.
Pedí a mis dos amigos que me dejasen tocarla. Aproveché para dirigirme directamente a su sexo, por donde pasé mi dedo. Noté que estaba húmeda.
Qué hija de puta ¡¡¡ -- Pensé.
Estaba caliente. Yo sufría la peor humillación de mi vida y ella estaba mojada, disfrutando que mis dos amigos la mirasen y que después la manoseasen y tuvieran sexo con ella.
Me aparté para dejar a Antonio y a Gonzalo de nuevo. Ella, fingiendo un movimiento del propio sueño, colocó sus manos en la almohada y separó ligeramente las piernas. Su objetivo era sentirse aún más expuesta de lo que ya estaba.
Los dos se habían ya quedado en ropa interior y se tumbaron en la cama, a ambos lados de Sandra. Comenzaron a besarla por todos lados. Lo iniciaron por las mejillas mientras sus manos se deslizaban libremente por sus pechos que aún estaban más erectos que antes.
Veía como Gonzalo se centraba en ellos. Parecía que los amasaba lentamente. Después contemplé como su boca se dirigía, bajando por su cara, a su escote, hasta alcanzar el pecho.
Cuidadosamente pasaba su lengua y succionaba la teta de Sandra. No podía soportar lo que estaba viendo. Jamás habría podido imaginar que ella pudiera estar con otro hombre, y mucho menos contemplarlo yo en vivo.
Las dos manos de mis amigos fueron bajando hasta llegar a sus muslos. Como un pequeño tabú, no se pararon en su sexo, sino que bajaron hasta sus rodillas, donde procedieron a separarle las piernas. De nuevo observé que ella colaboraba ligeramente, permitiendo que las abrieran con un menos esfuerzo al que habría correspondido a una mujer dormida.
Fue la mano de Gonzalo la que primero llegó a su sexo. Me quería morir. Sabía lo que sus dedos estarían sintiendo ahora. Una coño húmedo, como el que yo sentía cuando hacíamos el amor y la acariciaba. Si algo tenía claro era que mi esposa era una mujer muy apasionada y activa sexualmente.
Los dedos de Antonio también llegaron al mismo sitio. Veía como jugaba, de arriba abajo con su vello púbico. Su dedo corazón se desplazaba, como si el pelo formase parte de un camino.
Aunque me negaba totalmente a ver todo lo que estaba sucediendo, notaba que yo también estaba excitado. Por un lado sentía un nudo en el estómago que casi me hacía vomitar, mientras que por otro, me excitaba ver a Sandra tan entregada.
Vi como los dedos de los hombres se intercambiaban, siendo ahora Antonio quien le acariciaba más íntimamente. Gonzalo le acariciaba su estómago, mientras besaba sus enormes pechos.
Sabía lo que sería lo siguiente. Querrían comerle el coño y que ella tomase sus pollas en la boca. Vi como la cara de Antonio se situaba entre sus piernas, que estaba inmoralmente abiertas. Observaba como lamía su clítolis que sobresalía entre sus labios y era fácilmente accesible. Conocía el sabor del sexo de Sandra, muy diferente al que había probado con Nines. Era algo que me superaba. Otro hombre la estaba saboreando.
Gonzalo procedió a meter su miembro en la boca de mi mujer. De nuevo vi que casi colaboraba al dejarse abrir los labios con tan poco esfuerzo por parte de él.
Tomó la cabeza de Sandra y empezó a manejarla de tal forma que pudiera dirigirla de adentro afuera. También sabía lo que podía estar sintiendo ahora. Esto era una locura que se me había escapado de las manos y había llegado demasiado lejos. Pero ahora ya no podía parar.
Notaba como se movían sus labios. Para nada eran los de una mujer inconsciente. Gonzalo no tardó demasiado en correrse y cuando estaba en situación límite lo comentó.
Si no estuviera seguro que está dormida, diría que es consciente de todo. Sus labios aprietan mi polla.
Estará soñando. – Bromeó Antonio, sin creer demasiado en lo que decía nuestro amigo.
Los labios de Sandra quedaron llenos de semen. Enfadado, pero sobre todo triste, traje una toalla de manos del baño para que Gonzalo la limpiase.
Ya que tú has estrenado esta noche su boca, yo haré lo propio con su coño.
Aquello me llenó de humillación. Vi como metió su dedo en la boca y empezó a refregar por encima de su raja hasta introducirlo parcialmente en su vulva.
Tengo que decir que es de los coños más bonitos que he visto. Tienes una mujer espectacular. Si algún día os van mal las cosas podría dedicarse al porno. Esas tetas con ese coño no es fácil de encontrar.
Antonio ya estaba totalmente desnudo. Las piernas abiertas de Sandra hacían que su vagina estuviera en disposición de ser penetrada. Sabía que estaba mojada, por lo que no iba a tener problemas en penetrarla.
Cuando Antonio se situó en posición creí morir. Giré mi cabeza para no mirar. Estaba sudando, lo que provocó que Gonzalo se preocupase por mí.
¿Estás bien, Pepe?
Si, si. Sólo tengo un poco de calor. Es por la excitación. Voy al baño a refrescarme.
¿Quieres que te espere? – Preguntó Antonio.
No, no. Puedes empezar. Enseguida vuevlo.
Me marché al baño y de esta forma evité mirar el inicio de la penetración. En el lavabo me eché abundante agua por la cara. Mis ojos estaban enrojecidos por todo lo que estaba viviendo esa noche.
Cuando volví, Antonio estaba colocado en la postura del misionero. Sus manos, apoyadas en el colchón le permitían tener una imagen visual completa de la desnudez de mi esposa, a la vez que entraba y salía su polla del coño de ella.
Mis ojos no pudieron evitar dirigirse al sexo de Sandra y comprobar cómo entraba y salía el miembro de mi amigo.
La cara de belén no estaba ladeada, sino que se encontraba de frente y sus labios ligeramente abiertos, por lo que la lengua de Antonio se dirigía hacia su boca, le daba piquitos, para después besar sus hombros y sobre todo sus pechos.
Sus embestidas empezaron a ser bestiales. Volví a mirar los pezones de Sandra que seguían erectos.
Me encanta. Está mojadísima. Creo que está soñando que hace el amor y por eso está así.
Unos golpes más después de sus palabras dieron por finalizado la actuación de mi amigo que comenzó a vestirse.
Ha sido genial. Tienes una mujer estupenda.
Se acercó a una silla a recoger su ropa, no sin antes dalme una palmada en la espalda en señal de agradecimiento.
Cuando giré la cabeza, era Gonzalo quien se había colocado encima de ella. Su mano se dirigió a su pene y lo llevó hacia la entrada de la vagina de Sandra.
No tuvo ningún problema. A la primera introdujo su miembro. Su boca se dirigió a la cara de mi esposa y empezó a lamerle, morderle y besarle sus orejas. Continuó por su cuello hasta llegar también a sus pechos. Las tetas de mi mujer eran punto de parada obligatoria. Siempre pensé que era lo más apreciado de ella.
La penetración de Gonzalo duró de forma interminable para mí. Al haberse corrido anteriormente, ahora tenía un aguante increíble.
Deseaba que terminase. Se deleitaba con sus pechos. Sacaba su pene y lo metía a su antojo, siempre a la primera hasta que llegó un momento en que no pude ya ocultar mi enfado.
Gonzalo, acaba de una vez, que mañana tendrá molestias.
Dame un minuto, por favor.
Respondió sin dejar de penetrarla. Empezó a dar pequeños gritos y a aumentar el ritmo. Una embestida final en el que su miembro quedó dentro demostró que había tenido un orgasmo.
Me quedé sentado sin decir nada mientras Gonzalo se vestía. Antonio le esperó y cuando hubo terminado ambos me dieron la mano y las gracias por haberles hecho pasar esa noche tan agradable.
Estaba como ido. Sólo quería estar sólo. Les acompañé a la puerta y volví a la cama, donde me senté al lado de Sandra.
Me has hundido la vida.
Tú lo hiciste hace unas semanas. Ahora estamos igual. ¿Qué se siente al ver como se follan a tu pareja?
Eres una hija de puta. Ahora quiero follarte yo.
Hoy no. Estoy cansada. Mañana será otro día.
Enfurecido, salí de la habitación, tomé el coche y me dirigí a un local de alterne a la salida de la ciudad.
Necesitaba una mujer, por lo que acompañé a su habitación a la primera que se acercó. Estaba muy excitado. El ver a mi mujer con dos hombres, había provocado en mi una sensaciones contrapuestas
Cumpliendo su promesa en el último encuentro, Gonzalo nos envió las fotos del fin de semana en el que nos había permitido disfrutar de Nines, su mujer.
El siguiente sábado, Sandra, mi esposa había salido de compras durante la mañana, por lo que aprovechando que no estaría hasta el mediodía, decidí contemplar las fotografías.
Aunque había difuminado la cara de Nines, nosotros salíamos al descubierto. Me parecía un tesoro tener esas imágenes, así que abrí otra cuenta de correo para que jamás cayesen en manos de mi mujer.
Utilicé una página desconocida para mí, que daba la opción de dar de altas cuentas de correo. Traspasé las fotografías y las borré del mío. De esta forma, pensé que podría estar tranquilo y verlas cuando me apeteciese.
Comí con Sandra. Al terminar estaba muy caliente, recordando las imágenes, por lo que comencé haciéndole unos mimos a los que ella respondió, así que terminamos en la cama haciendo el amor como locos.
Después de aquello me quedé dormido. Un par de horas después me desperté y al acercarme al salón vi que Sandra estaba llorosa. Le pregunté qué le pasaba.
Eres el tío más ruin del mundo. Jamás me hubiera esperado algo así de ti.
¿De qué me hablas? – Pregunté extrañado aunque temía por donde podía ir todo.
De las fotografías que tienes de tu trío con esa puta.
Me enteré posteriormente que buscando el historial del explorador de una página, había encontrado esta, y el ordenador tenía guardada la contraseña, por lo que pudo acceder a las imágenes.
No es lo que parece. Te puedo explicar todo.
¿Quieres decir que no te has follado a esa tía?
No pude responderle. Estaba desarmado. No podía continuar, por lo que me limité a pedirle perdón y que intentase olvidar lo sucedido si aquello era posible.
En lo que quedó de fin de semana no me habló. Me hizo prepararme la cama en la habitación de invitados. El domingo quedó con unas amigas durante todo el día y llegó casi a la hora de la cena. No tomó nada y se marchó a dormir.
La semana siguiente comenzó de la misma forma. No quería hablar conmigo y a la mínima que intentaba tocarla me decía que me fuese con la puta de mi amiga.
El viernes me marché con mis amigos a cazar y volví el sábado a media tarde. Aunque me vieron serio y me preguntaron el motivo, no quise explicarles nada, limitándome a decir que era por motivos de trabajo. Afortunadamente había traído varias perdices y conejos que luego regalaría, por lo que sus sospechas de que hubiera pasado un buen rato con alguna mujer se diluyeron.
Unas horas después, la noté mejor humor hacia mí, lo que me hizo sentir bien. Estaba loco por Sandra, y si decidía abandonarme el mundo se me caería encima. No podría soportar estar sin ella.
El domingo estaba más tranquila y a media mañana quiso que hablásemos. Primero me pidió que le contase con todo detalle lo que había pasado. Le conté todo, incluí todos los detalles que ella me fue pidiendo. No quería más mentiras, sólo que volviese a confiar en mí y mostrarle mi arrepentimiento.
Comenzó a llorar mientras le contaba y contestaba a sus preguntas sobre todo lo que había pasado, con el detalle que ella exigía.
Pepe. Después de lo que ha pasado quiero que nos separemos. Siempre he dicho que si me enteraba que mi pareja era infiel la dejaría, y he de ser consecuente con ello. Si quieres quédate con la casa y yo me busco otra, o viceversa. Lo dejo a tu elección.
Lo que no quería escuchar lo estaba pronunciando Sandra. Todo mi mundo se derrumbaba ante mí. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? Primero acostándome con Nines y después, por un descuído imperdonable, que ella viese las fotografías.
Supliqué todo lo que pude. Me puse de rodillas ante ella. Lloraba mientras imploraba su perdón, pero se mostraba inflexible.
Un par de días después, Sandra me preguntó la idea que tenía sobre nuestra vivienda compartida. Si deseaba comprar su parte y si no, ella adquiriría la mía.
Por favor.¡¡¡ ¿No podemos arreglar esto de otra forma?
¿Qué pensarías si hubiese sido yo la infiel? ¿Habrías roto conmigo, verdad?
Estaba desesperado por no perderla, por lo que cometí la mayor estupidez al contestarle.
Véngate de mí. Sé infiel, pero no me dejes, por favor. Busca alguien, folla con él y después vuelve conmigo. No quiero perderte.
No me contestó. Sabía que ella no me haría nunca algo así. En realidad creía saberlo porque al día siguiente volvimos a hablar.
Pepe, me parece que voy a aceptar tu propuesta. Seguiré tu consejo. Quiero que organices un encuentro como el que hizo tu amigo Gonzalo. Ellos me tomarán.
¿Estás loca? ¿Quieres que te duerma para que se aprovechen de ti?
No. Sólo tú y yo sabemos que no estaré dormida. Estarás delante. De esta forma estaremos a la par.
Estás loca¡¡¡ No pienso hacerlo.
La semana que viene quedaremos en el mismo pueblo en el que estuvisteis. Sólo que esta vez ellos irán a una teórica caza y tú y yo de fin de semana romántico. Si no vamos, dedicaré el fin de semana a hacer la mudanza a un apartamento que ya tengo apalabrado. Tú decides. Si lo prefieres, en lugar de fingir mi inactividad por la somnolencia del fármaco, puedo estar activa y entregarme totalmente a tus amigos. ¿Te gustaría eso más?
Salí de casa malhumorado. Pensé que se trataba de un farol y que no sería capaz. También que al día siguiente cambiaría de idea, pero cada vez que hablábamos me exigía el encuentro.
El domingo estábamos en casa. Accedió por primera vez desde aquello a hacer el amor conmigo, pero al terminar me volvió a preguntar por los preparativos. En realidad no había movido nada, no había hablado con Gonzalo y Antonio.
Volví a suplicarle llorando, pidiéndole que no me hiciese aquello. La respuesta fue que sino íbamos a aquella ciudad, organizaría su mudanza. Además, si vamos y tus amigos no quieren tocarme porque les hayas contado la verdad, también me iré de casa. Por tanto te aconsejo que le digas que quieres verme follar con ellos.
No tenía alternativa. Los llamé para tomar algo aquella misma tarde de domingo. No les conté la verdad, sino que después de lo que hicimos con Nines, ahora me gustaría que hicieran lo mismo con mi mujer. Estaba tan desesperado que no quería cometer errores.
En cualquier caso, estaba seguro que llegado el momento, no sería capaz de que nadie la tocase. No obstante, proponerlo ya era bastante humillante para mí.
Los dos hombres se alegraron de escucharlo y estuvieron de acuerdo en volver a ir ese fin de semana al lugar donde un mes atrás habíamos disfrutado de la mujer de nuestro amigo. Concreté con Antonio una cita, a mitad de semana, donde me entregaría el frasquito con el somnífero.
Ese miércoles me reuní con el médico y me entregó la medicina. Se extrañó que hubiese cambiado de idea ya que era reacio a que nadie tocase a mi esposa.
Después del viernes, sólo quedaréis por probar a mi mujer, pero eso no sucederá nunca.
Lo sé, no te preocupes. – Contesté pensando que jamás tampoco tocarían a la mía.
En realidad mantenía esa postura por ella, aunque confiaba plenamente en que no fuera capaz de de hacerlo.
Aquella noche, y al día siguiente intenté hacer el amor con ella. Precisaba que me sintiese de cerca, pero ella se negó y me dijo que no habría más sexo entre nosotros hasta después del encuentro con mis amigos.
El viernes, sobre las cinco de la tarde salimos a realizar el viaje. Sandra me hizo reservar dos noches de hotel, aunque pasara lo que pasara yo quería dormir el sábado en casa, en la seguridad de mi cama, con ella. Cuando llegamos, fuimos a la habitación y nos instalamos.
Mi estómago estaba agarrotado. No veía en ella ningún indicio que me permitiera pensar que se echaría para atrás en el momento oportuno, y ya empezaba a dudar seriamente que eso sucediese.
A las once y media ya habíamos cenado. Intenté llevarla a tomar una copa y convencerla para que se despertase al entrar mis amigos en la habitación, pero era inamovible. No cedía, estaba decidida a llevar su actuación hasta el final.
Hizo que llamase a mis compañeros para citarlos en torno a las doce y media en la habitación. Cuando entramos en ella, estaba de mal humor y directamente me puse a ver la televisión mientras observaba como ella se acicalaba para su actuación.
Sandra es una mujer preciosa. Además de su media melena rubia, un tipo esbelto y unos pechos enormes y firmes, para aquel día, se había puesto especialmente guapa, yendo esa misma tarde, antes de salir de viaje, a la peluquería.
Cuando la vi salir del dormitorio mis celos se dispararon. Llevaba un pijama negro, que estrenaba para la ocasión con un pantalón y una camisa abrochada por tres grandes botones, todo ello de negro satén.
Notaba como sus pezones se marcaban sobre la chaquetilla del pijama. No llevaba sujetador.
Volví a derrumbarme y le pedí que se dejase de juegos y que llamaría a mis amigos diciendo que había fallado el somnífero y pasaríamos la noche, el fin de semana y el resto de la vida juntos.
Buen intento, pero si algo falla esta noche, la semana que viene ya no estaremos viviendo juntos.
Percibía su odio en el tono de voz. Empezaba a pensar que aquello que no quería, iba a suceder.
A la hora señalada, unos ligeros toques en la puerta, nos hicieron saber que mis amigos se encontraban allí. Todo el rebufo de la cena pareció subir a la parte alta del estómago. Estaba tenso y nervioso. Sandra me habló en voz baja.
Abre a tus amigos. Yo os espero en la cama. Espero que te guste el espectáculo.
Qué hija de puta¡¡¡ -- Pensé.
Iba temblando. Abrí la puerta y ambos me dieron la mano como saludo. Como quería dilatar el comienzo lo máximo posible les saqué unas bebidas del minibar de la habitación.
Sandra estaba sólo arropada con la sábana y al verla los dos me dieron la enhorabuena por tener una esposa tan bonita.
Cuando llevaba más o menos sus copas por la mitad vi que debía dejarles hacer. Antes de nada quise dar a Sandra, o darme a mí mismo, una última oportunidad, por lo que la incorporé y la di unas bofetadas en la cara, esperando que reaccionase.
En ese momento supe que iba a llevar su venganza hasta el final. Llegué a abofetearla fuerte. Mentalmente la suplicaba que abriese los ojos, pero no lo hizo, fingía estar dormida.
Muy despacio me levanté y dejé a mis dos amigos que procedieran con ella.
¿Qué podemos hacer? – Preguntó Gonzalo.
Menos sexo anal lo que queráis. – Respondí sin ganas y abatido.
La miraba, suplicaba que abriese los ojos. Mientras, Antonio apartó la sábana que la cubría, quedando ante ellos tan sólo con su pijama, que para mi desdicha, además llevaba un enorme escote.
Vi como sus manos empezaban a recorrer su cuerpo. Pasaban por encima de sus pechos, su cintura, sus piernas.
No lleva sujetador. – Explicó Gonzalo
Me pidieron permiso para desabrochar la chaqueta de su pijama. No podía negarme, pero me limité a asentir con la cabeza.
Desabrocharon los tres botones y abrieron su chaqueta. Quedaron a la vista sus dos enormes pechos. Les oía hablar sobre el tamaño pero aunque no quería escuchar, sus voces estaban allí. Antes de proseguir. la incorporaron sentándola en la cama para sacarle la chaqueta y dejar desnudo su torso.
Qué dos melones tiene la tía.¡¡ Son impresionantes.
Sus manos se deslizaban sobre ellos. Veía que sus pezones estaban puntiagudos pero enseguida empezaron a fijarse en sus pantalones.
Empezaron a observar y vieron que no llevaba ningún botón, ni cordón. Tan sólo un elástico lo aferraba a su cintura, por lo que les fue fácil deslizarlo hacia abajo, tirando de él hasta sacarlo por sus tobillos.
No lo podía creer. Mi mujer estaba tan solo con unas pequeñas bragas negras delante de mis dos mejores amigos.
De nuevo me pidieron permiso, en esta ocasión para quitarle su prenda más íntima. Aunque mi cabeza no lo daba, las amenazas que Sandra me había infringido, me hicieron dar un escueto sí.
Se las bajaron poco a poco. Muy despacio. Veía como mi corazón y mi mente se desgarraban por cada centímetro que la prenda bajaba por sus caderas, sus muslos, sus piernas hasta que llegaron a sus tobillos y la dejaron totalmente desnuda.
Quedaron maravillados. Yo también, tengo que reconocerlo. Se había depilado hasta dejar su sexo desnudo salvo una pequeña línea de pelo que subía como continuación a sus labios mayores.
Mi mujer estaba expuesta a dos hombres, dos extraños para ella, en mi presencia. La miré detenidamente. Sus pezones estaban afilados. Nunca pensé que fuese capaz de llegar a aquella situación.
Pedí a mis dos amigos que me dejasen tocarla. Aproveché para dirigirme directamente a su sexo, por donde pasé mi dedo. Noté que estaba húmeda.
Qué hija de puta ¡¡¡ -- Pensé.
Estaba caliente. Yo sufría la peor humillación de mi vida y ella estaba mojada, disfrutando que mis dos amigos la mirasen y que después la manoseasen y tuvieran sexo con ella.
Me aparté para dejar a Antonio y a Gonzalo de nuevo. Ella, fingiendo un movimiento del propio sueño, colocó sus manos en la almohada y separó ligeramente las piernas. Su objetivo era sentirse aún más expuesta de lo que ya estaba.
Los dos se habían ya quedado en ropa interior y se tumbaron en la cama, a ambos lados de Sandra. Comenzaron a besarla por todos lados. Lo iniciaron por las mejillas mientras sus manos se deslizaban libremente por sus pechos que aún estaban más erectos que antes.
Veía como Gonzalo se centraba en ellos. Parecía que los amasaba lentamente. Después contemplé como su boca se dirigía, bajando por su cara, a su escote, hasta alcanzar el pecho.
Cuidadosamente pasaba su lengua y succionaba la teta de Sandra. No podía soportar lo que estaba viendo. Jamás habría podido imaginar que ella pudiera estar con otro hombre, y mucho menos contemplarlo yo en vivo.
Las dos manos de mis amigos fueron bajando hasta llegar a sus muslos. Como un pequeño tabú, no se pararon en su sexo, sino que bajaron hasta sus rodillas, donde procedieron a separarle las piernas. De nuevo observé que ella colaboraba ligeramente, permitiendo que las abrieran con un menos esfuerzo al que habría correspondido a una mujer dormida.
Fue la mano de Gonzalo la que primero llegó a su sexo. Me quería morir. Sabía lo que sus dedos estarían sintiendo ahora. Una coño húmedo, como el que yo sentía cuando hacíamos el amor y la acariciaba. Si algo tenía claro era que mi esposa era una mujer muy apasionada y activa sexualmente.
Los dedos de Antonio también llegaron al mismo sitio. Veía como jugaba, de arriba abajo con su vello púbico. Su dedo corazón se desplazaba, como si el pelo formase parte de un camino.
Aunque me negaba totalmente a ver todo lo que estaba sucediendo, notaba que yo también estaba excitado. Por un lado sentía un nudo en el estómago que casi me hacía vomitar, mientras que por otro, me excitaba ver a Sandra tan entregada.
Vi como los dedos de los hombres se intercambiaban, siendo ahora Antonio quien le acariciaba más íntimamente. Gonzalo le acariciaba su estómago, mientras besaba sus enormes pechos.
Sabía lo que sería lo siguiente. Querrían comerle el coño y que ella tomase sus pollas en la boca. Vi como la cara de Antonio se situaba entre sus piernas, que estaba inmoralmente abiertas. Observaba como lamía su clítolis que sobresalía entre sus labios y era fácilmente accesible. Conocía el sabor del sexo de Sandra, muy diferente al que había probado con Nines. Era algo que me superaba. Otro hombre la estaba saboreando.
Gonzalo procedió a meter su miembro en la boca de mi mujer. De nuevo vi que casi colaboraba al dejarse abrir los labios con tan poco esfuerzo por parte de él.
Tomó la cabeza de Sandra y empezó a manejarla de tal forma que pudiera dirigirla de adentro afuera. También sabía lo que podía estar sintiendo ahora. Esto era una locura que se me había escapado de las manos y había llegado demasiado lejos. Pero ahora ya no podía parar.
Notaba como se movían sus labios. Para nada eran los de una mujer inconsciente. Gonzalo no tardó demasiado en correrse y cuando estaba en situación límite lo comentó.
Si no estuviera seguro que está dormida, diría que es consciente de todo. Sus labios aprietan mi polla.
Estará soñando. – Bromeó Antonio, sin creer demasiado en lo que decía nuestro amigo.
Los labios de Sandra quedaron llenos de semen. Enfadado, pero sobre todo triste, traje una toalla de manos del baño para que Gonzalo la limpiase.
Ya que tú has estrenado esta noche su boca, yo haré lo propio con su coño.
Aquello me llenó de humillación. Vi como metió su dedo en la boca y empezó a refregar por encima de su raja hasta introducirlo parcialmente en su vulva.
Tengo que decir que es de los coños más bonitos que he visto. Tienes una mujer espectacular. Si algún día os van mal las cosas podría dedicarse al porno. Esas tetas con ese coño no es fácil de encontrar.
Antonio ya estaba totalmente desnudo. Las piernas abiertas de Sandra hacían que su vagina estuviera en disposición de ser penetrada. Sabía que estaba mojada, por lo que no iba a tener problemas en penetrarla.
Cuando Antonio se situó en posición creí morir. Giré mi cabeza para no mirar. Estaba sudando, lo que provocó que Gonzalo se preocupase por mí.
¿Estás bien, Pepe?
Si, si. Sólo tengo un poco de calor. Es por la excitación. Voy al baño a refrescarme.
¿Quieres que te espere? – Preguntó Antonio.
No, no. Puedes empezar. Enseguida vuevlo.
Me marché al baño y de esta forma evité mirar el inicio de la penetración. En el lavabo me eché abundante agua por la cara. Mis ojos estaban enrojecidos por todo lo que estaba viviendo esa noche.
Cuando volví, Antonio estaba colocado en la postura del misionero. Sus manos, apoyadas en el colchón le permitían tener una imagen visual completa de la desnudez de mi esposa, a la vez que entraba y salía su polla del coño de ella.
Mis ojos no pudieron evitar dirigirse al sexo de Sandra y comprobar cómo entraba y salía el miembro de mi amigo.
La cara de belén no estaba ladeada, sino que se encontraba de frente y sus labios ligeramente abiertos, por lo que la lengua de Antonio se dirigía hacia su boca, le daba piquitos, para después besar sus hombros y sobre todo sus pechos.
Sus embestidas empezaron a ser bestiales. Volví a mirar los pezones de Sandra que seguían erectos.
Me encanta. Está mojadísima. Creo que está soñando que hace el amor y por eso está así.
Unos golpes más después de sus palabras dieron por finalizado la actuación de mi amigo que comenzó a vestirse.
Ha sido genial. Tienes una mujer estupenda.
Se acercó a una silla a recoger su ropa, no sin antes dalme una palmada en la espalda en señal de agradecimiento.
Cuando giré la cabeza, era Gonzalo quien se había colocado encima de ella. Su mano se dirigió a su pene y lo llevó hacia la entrada de la vagina de Sandra.
No tuvo ningún problema. A la primera introdujo su miembro. Su boca se dirigió a la cara de mi esposa y empezó a lamerle, morderle y besarle sus orejas. Continuó por su cuello hasta llegar también a sus pechos. Las tetas de mi mujer eran punto de parada obligatoria. Siempre pensé que era lo más apreciado de ella.
La penetración de Gonzalo duró de forma interminable para mí. Al haberse corrido anteriormente, ahora tenía un aguante increíble.
Deseaba que terminase. Se deleitaba con sus pechos. Sacaba su pene y lo metía a su antojo, siempre a la primera hasta que llegó un momento en que no pude ya ocultar mi enfado.
Gonzalo, acaba de una vez, que mañana tendrá molestias.
Dame un minuto, por favor.
Respondió sin dejar de penetrarla. Empezó a dar pequeños gritos y a aumentar el ritmo. Una embestida final en el que su miembro quedó dentro demostró que había tenido un orgasmo.
Me quedé sentado sin decir nada mientras Gonzalo se vestía. Antonio le esperó y cuando hubo terminado ambos me dieron la mano y las gracias por haberles hecho pasar esa noche tan agradable.
Estaba como ido. Sólo quería estar sólo. Les acompañé a la puerta y volví a la cama, donde me senté al lado de Sandra.
Me has hundido la vida.
Tú lo hiciste hace unas semanas. Ahora estamos igual. ¿Qué se siente al ver como se follan a tu pareja?
Eres una hija de puta. Ahora quiero follarte yo.
Hoy no. Estoy cansada. Mañana será otro día.
Enfurecido, salí de la habitación, tomé el coche y me dirigí a un local de alterne a la salida de la ciudad.
Necesitaba una mujer, por lo que acompañé a su habitación a la primera que se acercó. Estaba muy excitado. El ver a mi mujer con dos hombres, había provocado en mi una sensaciones contrapuestas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)