jueves, 1 de septiembre de 2011

La historia de una persona común y corriente

Al estar cogiéndome, nuevamente, René me tomo con sus poderosas manos y me
colocó en la posición del misionero. De esta forma pude ver mejor su cara. Me gusto su
apariencia, tenía unas facciones delicadas y una mirada profunda que sentía que me
atravesaba. Por el esfuerzo empezó a sudar profusamente y sus gotas de sudor llegaban
a caerme en mi cara. Las probé con mi legua y me gustó su sabor, y a la vez me excitó.
Volvió a tomarme con sus fuertes brazos y me puso mis pies en su cuello por lo que mi
culo quedó más elevado que mi cara, y por el tamaño de mi cogedor; quede apoyado
en el sillón con la espalda, cuello y cabeza. El no perdió perdía el ritmo. Así que muy
despacio me metía su verga, en mi culo, y muy despacio lo sacaba. Cuando el sacaba su
verga yo apretaba mi culo y cuando me la metía lo relajaba.
Así estuvimos un buen tiempo. El dolor que había sentido al principio se transformo en un
placer indescriptible que me hacía pedir que me la encajara, su vergota, en mi gustoso
culo. Entonces empecé a sentir de nuevo que mi verga se ponía tiesa y muy erecta,
como jamás la había visto, y de mayor tamaño. Cada vez que René me metía su pollón
sentía como las paredes de mi intestino lo envolvían como un guante de tan ajustado que
quedaba y rosaba ricamente mi próstata haciendo que lanzara gritos de placer.
René, empezó a bufar como un toro y yo a sentir que se verga crecía más. Era el preludio
de otra venida. Me dispuse a recibirla. Pero el con un movimiento rápido de la sacó de un
golpe y me la metió en la boca, bueno lo que cupo de esa enorme cabeza y me inundó
mi boca con chorros de semen, que pensé me iba a dar asco, pero no me gusto su sabor
y me comí todo lo que pude, porque se escapó por la comisura de mis labios pequeños
chorritos. Que ávidamente los alcanzaba a tomar con mi lengua. Y luego como si fuera un
experto le limpie su verga, en toda su extensión, con mi lengua.
Después de pasar un poco la excitación sentí que mi culo me ardía y que algo escurría
fuera de él. Palpe con mi mano, esperando sentir un culito errado, y me encontré con la
sorpresa de sentir un hoyo abierto por donde salía semen y escasos hilos de sangre. Me
asusté, pero entonces Samantha me tranquilizó y me puso una pomada que quitó el ardor
y me dejó una sensación agradable. Me acarició el culo con su mano y sentí un cosquilleo
muy sensual y deseando que René me volviera a meter su verga hasta que su pubis
tocara mis nalgas. Me colocó una toalla sanitaria, que impregnó con la pomada que me
había puesto, para evitar manchar con lo que estaba saliendo de mi culo. Y me puso una
de sus tangas para mantenerlo en su lugar la toalla sanitaria.
Samantha me ayudó a vestirme y me dijo había tenido mucho gusto en conocerme y que
si quería seguir la fiesta me esperaban en hotel donde se hospedaban. Por cierto muy
cerca de donde estábamos nosotros. Salí a toda prisa y fui con mis amigos. Ellos estaban
muy ansiosos de saber que había pasado, pues me había tardado tanto que el local nada
mas esperaba que saliéramos para cerrar.
Les dije que Samantha era una mujer, de cómo estaba vestida cuando llegué y como
me la cogí. Di muchos detalles de ella, de su cuerpo y de cómo había sido esa relación
sexual. Que me manifestaron su envidia y de su mala suerte de que ellos no habían sido
los que hubieran ido a conocerla. Salimos y nos fuimos a pie hacia el hotel, yo me retrase
debido al dolor que sentía en mi culo recién desflorado. Pero lo que más me preocupaba
era que al caminar sentía como rosaba la toalla sanitaria en mi ojete y me hacía sentir
placer, tanto que empecé a sentir nuevamente que mi verga se ponía erecta. Uno de
los amigos se dio cuenta y me dijo que traía, que así como iba no se acostaría conmigo
porque corría peligro que lo ensartara.
Llegamos al nuestros cuartos, en el hotel donde estábamos, todos entraron menos yo.
Les dije que Samantha me había invitado a su hotel y que me disculparan pero me dijo
que nada más podía acudir yo. Así que me despedí y me encamine hacia el otro hotel.
Cuando llegué le pregunte al encargado donde estaba el cuarto de Samantha. Me vio con
sorna y con una risita burlona y me dijo que era en el tercer piso. Que podía pasar. Ella ya
se lo había comentado, que llegaría una persona joven y le diera el pase.
Llegue enfrente de la puerta del cuarto de Samantha y dude en tocar, pero cuando ya me
iba a retirar vi a René que abría la puerta. Me hizo una señal con la mano de que pasara.
Todo estaba en penumbras y no pude ver quienes más estaban ahí. Sentí una mano
delicada, que supuse era la de Samantha, era otra mujer preciosa que me jalo hacia una
de las habitaciones. Quise hablar pero me colocó en los labios su dedo índice a manera
de señal de que me callara. Me metió en la ducha y me hizo que utilizara un jabón de
fragancia muy femenina. Al terminar me dio una bata de baño para secarme. Después me
paso a una habitación con mayor iluminación.
Pude ver bien esa mujer. Era una morena preciosa, con una hermosa cara, pechos
pequeños a penas cubiertos con una especie de blusa, que parecía un baby doll muy
transparente y corto, unos pantaloncitos muy cortos y con abertura a ambos lados que
al moverse dejaban ver parte de su pubis y la parte superior de los muslos, por la parte
de enfrente, y por detrás dejaban ver sus enormes cachetes de sus nalgas. Estas eran
impresionantemente grandes y paradas; sus muslos también eran muy gruesos y sus
piernas delgadas con respecto a lo anterior. Esto daba una ilusión óptica de que sus
nalgas parecían tremendamente grandes. Bueno si eran muy grandes, pero se le veían
bien.
Me sentó enfrente a un espejo e inició a maquíllame. Yo me negaba, pero con esa forma
de que parecía que no quería pero por dentro era lo que más deseaba. Me puso unos
pechos postizos y un sostén. Luego me jalo hacia atrás mi pequeña verga (porque se
me había empequeñecido de la noche a la mañana) con todo y testículos y me los fijo
con una especie de tanga que en lugar de tela, por delante, tenía unos labios mayores
y menores con un vello púbico bien recortado. Y luego me puso un pantimedia de licra,
que me quedo muy ajustada, de color dorado y encima me puso unas medias negras
de red. Y luego me puso un vestido suelto de seda. Me dio unas sandalias con una gran
plataforma y tacón, como de corcho. Y me dejó el pelo únicamente cepillado. Me pintó las
uñas de color rojo.
En esa forma, claro previo ensayo para caminar con esos zapatos, a otra habitación.
Donde estaban unos hombres muy elegantemente vestidos, en gran platica. Al entrar
yo a la habitación todos guardaron silencio y hubo una serie de comentarios. En eso un
hombre de edad y gran vientre se levantó y dijo para que todos lo oyeran. Esta es mi
putita yo ya pagué por ella. Así que me hicieron sentarme a un lado de ese hombre; no
desagradable, pero un viejo según yo.
Después se apagaron las luces y a media luz Samantha bailo para todos nosotros
completamente desnuda. Junto con René que también estaba completamente desnudo
con su tremenda verga bien erecta y con un aditamento que se fijaba en su base para
hacerla que permaneciera bien parada. Así bailaron sensualmente, acariciándose,
mamándose sus vergas, besándose largamente en la boca. Con lo que lograron que la
audiencia aullara y gritara y se empezaran a desvestirse, por lo caliente que se habían
puesto. Mi dueño se desvistió inmediatamente dejando ver un cuerpo que le hacía falta
horas en el gimnasio. Pero al verle lo de más abajo me asustó, pues tenía una verga del
mismo tamaño de René pero de color blanco y los vellos púbicos blanco de canas. Esto
no auguraba nada bueno para mí culito, que aun me dolía.
Al terminar de bailar, René y Samantha se trenzaron en tremendo 69, asiendo rugir a
los espectadores. Mi dueño ni tardo ni perezoso me tomó de la cabeza y me la bajo a
la altura de su pollón y tapándome la nariz hizo que abriera la boca y en lugar de tomar
aire lo que fue una cabeza de una polla que aun estaba semi-flacida. Así que no tuve
otra alternativa que empezar a mamársela y sentir como crecía y se endurecía. Me hizo
que la sacara y la metiera en mi boca, que le pasara la lengua de arriba y abajo. Y que
chupara unos huevos enromes que parecían de toro semental, apenas me cupieron en mi
boca. Así estuve hasta que me dolió la boca de tanto tiempo mamando. Pero el resultado
que vi cuando me quito de mi encargo me hizo que me sintiera orgullosa (ya estaba
pensando en femenino). Su verga era digna de admiración, gruesa, y larga y con una
gran cabeza. Entonces lo que hizo me sorprendió, por la fuerza que demostró, me rompió
las pantimedias de licra y la tanga. Únicamente me dejó la parte de las pantimedias que
estaban cubiertas por las medias de red. Unto mi ojete con abundante saliva y me hizo
que me sentara sobre su verga. Al írseme introduciendo sentía que llegaría hasta mi
boca…
Esta historia continuará…..

ENCUENTRO EN LA PRIMERA FASE

Esto no es un relato de ficción, pero pudiera serlo dado la rareza de lo encontrado, pues encontrar una sumisa como la que hemos encontrado es, pura y simplemente eso, encontrar un bello ser extraterrestre, eso sí, una extraterrestre rara y maravillosa.

Somos una pareja que llevamos ya un cierto tiempo en el mundillo del sexo compartido. Primero probamos con el intercambio de parejas (cinco), con la mayoría no tuvimos continuidad en el tiempo por la separación de los lugares donde vivíamos, pero con una de ellas hubo tal desencuentro, que hubo que cortar rápidamente y milagro fue que no acabara la cosa mal.

Abandonamos el tema del intercambio y nos replanteamos la situación. Dado el carácter de ambos vimos que lo mejor era la D/s, por lo que, una vez bien estudiado, decidimos continuar en el sexo compartido y en la faceta de D/s, pero eso sí, sin demasiadas alharacas o excentricidades, pues aunque ambos somos proclives al mando, ella lo es en mucho menor grado y eso nos obligaba a estudiar mejor el tema. Así pues, buscamos un matrimonio o pareja, ero resultó imposible, pues no había ni uno en la zona y los 2 que se presentaron resultaron ser falsos (chico solo) y, otro más, resultó ser una pareja muy pasada de rosca (drogadictos, bebedores y con grandes problemas de convivencia entre ellos); así pues, lo que hicimos fue intentar buscar primero un chico y dejar para más adelante lo de buscar una chica y así formar la parejita.

Buscamos y encontramos que había una astronómica cantidad de chicos candidatos a “sumiso”, si bien, tal sumisión, en el 99 % de los casos era simple impostura, o sea, un chico que busca hacer trío.

En las “pruebas” hubo las más variopintas ofertas y situaciones. Tras entrevistar a más de 300, ya sea a través de Internet o en persona (los que parecían más serios y coherentes), elegimos sólo a 2.

De cómo nos fue con los sumisos ya lo iremos contando en sucesivos relatos, pues lo que toca ahora no es precisamente eso, sino lo ocurrido en la azarosa búsqueda de la parte femenina sumisa, pues como dije, era nuestra intención poder formar una parejita.

Contrariamente al caso de los chicos, en cuestión de ofertas, el buscar una chica sumisa es algo así como aquello de buscar la aguja en el pajar.

No vamos a decir aquí quien encontró a quién, más bien fuimos ambos, fue a través de un portal parecido a este. Allí, tras consultar ambas partes nuestros correspondientes perfiles, vimos que podía cuajar.

Tras chatear durante un periodo razonablemente corto o largo (según se mire aquello de la botella medio llena o medio vacía), decidimos pasar a la entrevista, la cual, según mi forma de interpretarla fue así:

Quedamos a una determinada hora en la cafetería de un centro comercial muy concurrido, previo acordar una contraseña para identificarnos y disponer de un número móvil por si, por cualquier motivo, no se podía celebrar la entrevista.

Llegamos con un retraso calculado. Ella no estaba sentada en la cafetería, se encontraba de pie en la misma puerta esperando pacientemente, sospechamos que durante al menos 15 minutos.

Nada más verla, como teníamos una buena descripción de ella nos fue fácil reconocerla.

La describiremos: Estatura mediana, bien conservada, de porte elegante, la ropa bien ceñida pero sin exageración, la cintura muy bien marcada y con caderas rotundas sin llegar a ser exageradas, una falda bien ceñida a su talle y unas piernas bien torneadas con unos pies normales para mujer y calzada con unos brillantes zapatos negros de tacón alto (se le pidió que los llevara así), el peinado algo revuelto y el color del pelo algo cobrizo, del color de la pasión. No llevaba maquillaje, ni tampoco le hacía mucha falta, pues a su edad (ya madura) mantiene aún esa belleza serena y sin estridencias que tienen las mujeres con cierta clase.

Nos presentamos y, sin muchos preámbulos, entramos en la cafetería.

Nos sentamos en una mesa para cuatro, ambas mujeres a un lado y yo en el centro.

Era todo un manojo de nervios, ni sabía qué hacer, ni qué decir, ni qué pedir, ni otros detalles más que, aunque simples, decían el estado de nervios que tenía.

Cuando pedimos la consumición afloraron más sus nervios, si bien, reaccionó pronto y, puesto de quedarse bloqueada, se soltó y comenzó una charla bastante nerviosa. No obstante, resultaba coherente y muy lúcida.

Hablamos de lo que se habla cuando se empieza a conocer a alguien, o sea, de cosas más o menos intrascendentes o tontas, si bien, dentro de su nerviosismo derivó algo por parte de la familia y nos contó algo de su vida, lo cual agradecimos por su espontaneidad, aunque normalmente no tocamos esos temas por querer dejar siempre bien aparte el tema familiar, no obstante, en el fondo agradecimos ver que, desde el principio descubría también algo de su alma, quizá para dar más aún la sensación de que debíamos tener confianza en ella.

Servidos los cafés e infusiones pedidas (nada de alcohol), y viendo yo que si no se le ponía remedio acabaríamos hablando de política o algo peor, me dirigí a la sumisa y le pedí que fuese al servicio, que allí se quitase las bragas (bragas rojas que le pedimos que trajera) y que, dentro de una pequeña bolsita negra que le di para tal fin, las metiese y me las trajese.

Aunque algo turbada por la imprevista orden, ella la cumplió sin dilación y marchó rauda.

Mientras tanto, mi mujer y yo quedamos hablando sobre lo que nos había parecido, sobre lo buenísima sumisa que se veía, lo que podríamos hacer con ella y sobre alguna cosilla más que, más adelante, en otro relato comentaré, pues de lo contrario, desvelaría parte del adiestramiento que tenemos preparado para ella. No obstante sí diré que, acordamos la Ama y yo no quedarnos con las bragas que le habíamos pedido que nos trajera.

Cuando volvió, ya más liviana de peso tras obedecer la orden, quiso entregarme la bolsita, lo cual rechacé diciéndole que la guardase en su bolso, pues se la pediría después.

Continuamos nuestra amena charla, donde ya si entramos en ciertos temas como era el poder quedar para hacer las sesiones y lo que le pediríamos en ellas. En fin, la entrevista resultó muy agradable y creo que aprendimos todos de todos.

Tanto nos gustó a la Ama y a mí, que hubiésemos querido quedarnos más tiempo para saber más de ella, cosa ésta que no era posible por tener nosotros que irnos por determinados asuntos familiares, así que, lamentándolo mucho, tuve que cortar la conversación diciendo que nos marchábamos.

La verdad que tuve que cortarla dos o tres veces, dado que mi mujer ya empezaba a tomar interés en la conversación, lo cual es una prueba del interés por la sumisa, pues ella es muy reacia a demostrar interés sea cual sea el caso, pues sabe que en su papel de Ama no es bueno hacerlo. Así que, ya digo, viéndole cierto interés decidí en esas dos o tres ocasiones ver hasta dónde llegaba ella con la candidata a sumisa.

Después, comentando lo sucedido, quedamos de acuerdo en que, tanto a ella como a mí nos había parecido muy interesante el hallazgo, el cual, si hay suerte y ella es aplicada, podremos continuar quizás por muy buen camino.

Nos dio verdadera pena cuando nos despedimos de ella, pues merecía la pena haber estado bastante tiempo más y, a ser posible, en otro escenario.

Tras este primer encuentro, ya veremos si cuaja la relación y…poderlo contar aquí.