miércoles, 18 de enero de 2012

PUTITO, COMIENZA LA HISTORIA

Era muy jovencito aun, pero Siempre he sido observador y buscaba el goce por instinto. Por eso cuando mi amigo Fer, quien ya pasaba de los dieciocho, por fin después de mucho intentarlo, logro poner mi mano sobre el sitio que bajo su pantalón ocultaba a su polla, me di cuenta de su sonrisa de triunfo.

Su fija mirada lujuriosa me hipnotizaba y no aparte mis ojos de los suyos. Todo ocurría en silencio. Sentados uno al lado del otro sobre su cama en una casa en la que estábamos solos por el resto del día.

Al apretar su paquete con mis dedos, el sutilmente bajo su cremallera sin dejar de mirarme. Introduje la mano y toque su tallo caliente, duro y peludo. Al apretarlo sentí por primera vez en mi vida una ráfaga de placer que recorrió mi brazo y exploto en mi perineo.

Mi mano temblaba cuando logre sacarlo de su nido, era inmenso, no sé cuanto media pero mis manos apenas alcanzaban a rodearlo y su largo me asombro cuando al bajar mi mirada lo vi.

Su cabeza era morena, algo puntiaguda y latía cuando baje su prepucio y la descubrí. Mi excitación y la suya aumentaban y me rogo con su mirada que lo satisficiera. Para mí era la primera vez que veía otro pene, el mío aun no se desarrollaba.
Baje mi cabeza y siguiendo mi instinto comencé a lamer su abertura, su sabor y olor fueron de mi agrado. Ferdi se dejo caer de espaldas mientras yo lograba introducir su cabeza en mi boca y mis manos trabajaban en el tronco arriba y abajo lentamente.

Aquello me daba una sensación de de poder morboso. Tenía allí a ese muchacho mucho mayor que yo, sobándome suavemente mis mejillas y diciéndome palabras entrecortadas por el placer que yo le proporcionaba. Su respiración se volvía frenética, sabía yo que algo iba a pasar pero no exactamente qué pues nunca me había masturbado.

Se enderezo a medias en un rapto final de placer y sostuvo mi cabeza mientras eyaculaba en mi boca. Sentí que me ahogaba pues su cabeza llego a mi garganta y chorros de semen se colaban por ella; poco a poco fue cediendo su presión sobre mi garganta y pude sacar su pene de mi boca. Un sabor entre salado y acido pero muy sensual tenía su semen, me gusto. Le dije que casi me ahogo y por toda respuesta tomo mi cara entre sus manos y me beso la boca, pidió perdón, pues había sido el excesivo deseo que por mi sentía.

Me desnudo con cariño y me dio vueltas para verme bien. Yo sabía que mi cuerpo era bonito. Tenía nalgas prominentes, duras y carnosas, piernas bien formadas, cuerpo rellenito y una carita de ángel inocente. Todas estas características me hicieron famoso entre mis compañeros del colegio. El gordo Ferdi había logrado ponerle la mano a ese trofeo.

El sabía que yo sería su festín. Froto su cara en mi abdomen mientras sus manos se abrían paso a través de mis nalgas en busca del calor de mi hoyuelo feliz. Cuando lo toco sentí un corrientazo de placer tan fuerte que unas gotas de mi semen se me escaparon, Ferdi las lamio y siguió tocando mi dulce botoncito, otro espasmo recorrió mi perineo, gemí de placer. Instintivamente él supo que yo era suyo y había triunfado.

Se desvistió y me cargo hasta la ducha allí entre risas y arrumacos nos enjabonábamos y retozábamos. Yo no sabía lo que me esperaba. Mojados aun nos tendimos sobre la cama. Ahora que lo veía bien su cosa era intimidante. Creí que una mamada más y me podría ir. Ferdi tenía otro plan.
Me puso boca abajo y con aceite de bebe comenzó un masaje en mi espalda que terminaba dentro de mi colita. Yo gemía y suspiraba por el placer. Este masaje me relajo y comencé a abrir mis piernas mientras sus manos frotaban el interior de mis nalgas. Fui perdiendo el miedo: que pasara lo que pasara. Me abandone al placer. Al notar mi relajación sus dedos gordezuelos comenzaron a penetrarme, yo me resistía por el dolor que me ocasionaba. Pero el era persistente y paciente. Sabía que el placer y mi curiosidad trabajaban a su favor. Ese cuerpito largamente acechado pronto le pertenecería.

Yo nadaba en una piscina de placeres agudos y desconocidos que me hacían perder el control sobre mi cuerpo y sus reacciones me sorprendían. Ahora buscaba con desespero la penetración pero Ferdi la rehuía, me hacia sufrir espasmos de placer que recorrían mi estomago. Le pedí que hiciera lo que quisiera conmigo. Entonces introdujo poco a poco un dedo, dos dedos, tres dedos en mi orificio que estaba rebañado en aceite. El proceso duro largo rato y al final tenia introducido tres dedos, no me incomodaba demasiado.

Sus manipulaciones me desesperaban de placer, eyacule otra vez. Aprovechando mi desconcierto y total relajación, saco sus dedos y los substituyo por la cabeza de su tronco peludo y erguido a punto de explotar, su excitación largamente aguantada fue la causante de que apenas su cabezota ingreso en mi agujero, se produjera una eyaculación, yo sentía su leche caliente entrando a torrentes regando mi interior, sus jadeos de placer, sus movimientos incontrolados hundían cada vez más su dura carne en la mía, cálida y acogedora.

Su vaivén no ceso con el final de su acabada, continuo entrando más profundo hasta que sentí su barriga pegada a mi espalda y sus pelos arañaban mis nalgas sudorosas. Volví a sentir la proximidad de mi culminación como el trueno que anuncia una tormenta, un tono bajo y lejano que salía de mi perineo recorrió mi ano, subió por mi pene rumbo a estomago, el rugido se hacía cada vez más profundo y cercano sentí su estampido final dentro de mí, mi cuerpo dejo de pertenecerme, el placer me asfixiaba.

Ferdi tenía todo su peso sobre mí, y por ello mis movimientos fueron limitados. Su enorme estaca estaba profundamente enterrada en mí, me tenía aplanado sobre la cama y ni un milímetro de su carne quedaba fuera de mi culo. No se movió durante mi orgasmo. Cuando mis gritos de placer y mis convulsiones cesaron comenzó a hacerlo con lentitud agónica como si quisiera extender su placer al máximo. Me sentía aplastado por su enorme cuerpo de oso.

Pasó sus manos debajo de mis axilas y me sostuvo por las clavículas. Su aliento, resoplidos y palabras entrecortadas que trataban de describir lo que sentía, resonaban sobre mi oreja a donde pego su boca, introducía su lengua caliente en ella, lo que me arrancaba nuevas sensaciones que recorrían mi cuerpo excitado y sudoroso.

El solo movía su pelvis despacio, al principio. Su frecuencia de mete y saca fue irreprimiblemente en aumento, también sus resoplidos, ya solo murmuraba sin palabras. Nuestro frenesí siguió en aumento. Al comenzar a mover todo su cuerpo el mío quedo parcialmente liberado de su prisión de carne vibrante y volví a sentir esa angustia perineal de placer creciente, mis nalgas comenzaron a moverse con la rotación que les imprimía mi cadera, tenían vida propia y buscaban encajarse más profundo el tronco caliente que resbalaba en mi interior superlubricado por el semen de su primera eyaculada.

Las explosiones llegaron casi al unísono. El me arañaba mi pecho con sus dedos mientras gritaba de placer al inyectar con cada envión bocanadas de semen en mi más recóndito interior anal. Yo lo imitaba, perdido el sentido por el inmenso placer que me inundaba. Fueron varias eyaculaciones mientras mi cadera movía mis nalgas convulsiva y desenfrenadamente. También yo había enterrado sin notarlo mis uñas en sus piernas como para no dejar que se me escapara ninguna sensación. Los espasmos fueron cediendo, el sudor nos bañaba, la respiración se fue calmando, nuestras uñas soltaron sus presas, un suspiro de satisfacción broto de nuestras bocas.

Nos dio por reír a carcajadas irrefrenablemente, pero no cambiamos de posición. El seguía enterrado en mí. Sentía el latido de su corazón al unísono con el latir de su pene. Sin hablar ni movernos seguimos allí largo rato hasta que su tronco comenzó a desinflarse. Volvimos a romper a reír y de un tirón lo saco chorreante y flácido. Nos recostamos abrazados y nos quedamos dormidos.

Al despertar era muy tarde y debía irme rápido pues mi abuela podría regañarme. Así como estaba me puse mi interior y me vestí apresuradamente. Entre besos, bromas y promesas de reencuentro nos separamos y corrí para llegar rápido a mi casa no muy lejana. Sentía el semen de Ferdi saliendo de mi agujero y regarse por mis nalgas produciendo entre ellas una zona resbaladiza. El agujero no me dolía pero estaba más abierto de lo normal y el semen que expulsaba se depositaba en mi interior.

No tenía idea de que ese interior húmedo de semen cambiaria mi vida para siempre.

Fin de la primera parte.

2 comentarios:

  1. wow que rico... como añoro un novio así

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  2. Que rico tener un novio así que te ponga tu primera culeada así,si conoces alguien así me lo mandas

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